¿CÓMO DEBERÍAN LAS ESCUELAS DE NEGOCIOS FOMENTAR EN SUS ALUMNOS LA PRÁCTICA DE LA RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL?
Conozca la opinión de expertos en el tema, representantes de la Universidad Pontificia Bolivariana de Colombia y de ESIC Business & Marketing School, de España, quienes nos brindan interesantes aportes sobre la importancia de la aplicación de la responsabilidad social empresarial en diferentes contextos, así como sobre el rol que tienen las escuelas de negocios en la correcta adaptación de prácticas orientadas al beneficio de las comunidades, partiendo de la toma de conciencia de los estudiantes y de las universidades, que juegan un rol fundamental en la difusión de esta herramienta de gestión en el mundo.
Formar entre las Aulas Reales y las Aulas de las universidades.
Por: Nicolás Fernando Molina Sáenz, Docente-investigador
Grupo de Estudios Empresariales. Escuela de Ciencias Estratégicas.
Facultad de Administración. Universidad Pontificia Bolivariana.
Medellín, Colombia.
En una nación como Colombia, atravesada por múltiples y complejas situaciones de inequidad, violencias estructurales y directas, la pregunta sobre cómo formar responsablemente a los jóvenes que llegan a las universidades, es de una importancia y de una pertinencia absoluta. Esta pregunta debe instalarse en cada uno de los espacios a los que está llamada la universidad: La docencia, la extensión y la investigación. Debe ser parte del ser y del quehacer del académico que ve en la universidad el escenario desde el cual actuará y comprenderá el mundo.
La pregunta que se propone para la reflexión, cuando se contextualiza en las facultades de administración, de negocios, de economía, implica tanto un alto en el camino como asumirla con el coraje adecuado, pues durante mucho tiempo se enseñó en estas facultades que las empresas debían generar ganancias para sus dueños y accionistas sin reflexionar mucho sobre los costes sociales; que el mercado debía crecer sin consideraciones éticas, ya que un mercado estancado representaría pobreza y miseria; que las reflexiones medio ambientales eran asuntos de unos cuantos, pero que para las empresas no eran pertinentes ni necesarias. Opiniones como estas, y muchas otras, se popularizaron y generaron administradores de empresas y empresarios ávidos de lucro, convencidos que los conceptos de responsabilidad, ética y moral eran propios para las reflexiones filosóficas, pero que nada tenían que ver con el sector empresarial. Por supuesto, estas ideas tenían que hacer crisis. Y la hicieron, cuando comprendimos que los recursos naturales no eran ilimitados, que las empresas en su accionar generan unos impactos en las sociedades y en el medio ambiente no deseados, y que las organizaciones están conformadas por seres humanos que no solamente van a ellas a producir y a obtener unos recursos financieros. Estas constataciones tenían obligatoriamente que cambiar el escenario desde el cual y para el cual se formaban a los administradores o gerentes de empresas.
Acciones hacia una formación responsable en las facultades de Administración, Economía y Negocios.
Son múltiples las acciones que se pueden emprender para hacer realidad una formación responsable en administración, negocios o economía. Como ya se mencionó, las que se proponen en este texto son pensadas desde el escenario colombiano y giran en torno a lo que en el título se ha llamado formar entre las aulas de la realidad y las aulas de las universidades. En esencia, implica hacer consciente en las aulas de clases de las universidades, las dificultades existentes en el contexto y la responsabilidad social que los estudiantes y futuros profesionales deben asumir frente a ellas. Desafortunadamente, a muchas de nuestras universidades todavía el contexto les es ajeno. De persistir en este último, todavía seguiremos escuchando lo que tanto director de agencias de desarrollo y cooperación local han dicho: “nuestras experiencias con las universidades han sido desastrosas. Educan para otro país”. Pero ¿Cómo paliar esta brecha?
1. Exponer comprensivamente el contexto: Mostrar argumentativamente las contradicciones que históricamente han caracterizado a nuestra nación, tales como inequidad, violencias y esa concepción peyorativa que hemos consolidado del ser colombiano.
2. Mostrar de viva voz a quienes trabajan por paliar estas situaciones: En el caso colombiano, son múltiples las organizaciones de voluntariado; los Programas de Desarrollo y Paz a nivel regional; las fundaciones que atienden diversos frentes; las asociaciones de profesionales que se han comprometido con acciones valiosas para mitigar en algo las situaciones adversas reseñadas.
3. Invitar a los jóvenes para que se impliquen en estas últimas organizaciones: Puede ser a través de las prácticas profesionales, de las pasantías o en disponer de algunas horas de su tiempo a acciones emprendidas por las propias universidades o por otras organizaciones. En este caso, es interesante reseñar la pasantía de estudiantes que desde algunas universidades de la ciudad de Bogotá, han realizado en el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, lo que les permitía a los jóvenes conocer un territorio con todas sus dinámicas e implicarse en ellas. Muchos de ellos, una vez graduados, optaron por ejercer su profesión en este territorio.
4. Convocar a los jóvenes para que conozcan y apoyen las organizaciones de iniciativa comunitaria: Son múltiples las organizaciones creadas desde los propios pobladores de los territorios y a través de las cuales generan unos ingresos para sus socios, posibilitan un tejido social basado en la confianza y consolidan redes sociales democráticas. En Colombia existe este tipo de organizaciones en todas las regiones, acompañadas desde diversas instituciones. Pero ellas requieren de la presencia de diversos campos para su consolidación: Psicólogos, sociólogos, comunicadores, médicos, etc., y por supuesto, administradores y economistas. Los estudiantes pueden participar en este escenario organizacional como un gesto de solidaridad y responsabilidad.
El desarrollo humano integral y un escenario de paz en nuestro país, pasa obligatoriamente por el fortalecimiento de este tipo de organizaciones.
5. Invitar a los estudiantes para que una vez graduados desarrollen su profesión en las regiones: El sueño de los estudiantes, es que una vez terminados sus estudios, puedan trabajar en las grandes capitales, como Medellín o Bogotá para el caso colombiano y en las grandes empresas. Pero a nivel regional, se presentan oportunidades laborales desde las cuales se puede contribuir al desarrollo local: Alcaldías, hospitales, cooperativas, etc. También es cierto que los gobiernos deben hacer visible estas localidades e incentivar a los futuros profesionales para que se desempeñen en ellas.
6. Las facultades de administración y negocios deben visibilizar las experiencias de Responsabilidad Social Empresarial que coadyuvan a un desarrollo humano integral y sostenible: Hay empresas que han ideado modelos de RSE y los han puesto en práctica de manera eficaz y eficiente. Estas experiencias bien pueden tener una presencia en los cursos de ética gerencial y de organizaciones.
Lo que las universidades ganan
Con el desarrollo de este tipo de acciones, no solamente ganan las comunidades o las organizaciones de iniciativa comunitaria que recibirían el accionar de los estudiantes. Ganan en gran medida las propias universidades, ya que pueden alimentar sus currículos, los contenidos de las asignaturas, alimentar líneas de investigación ya existentes o generar otras nuevas. Las aulas de las universidades se nutrirían entonces con nuevos contenidos y con nuevas preguntas. A manera de ejemplo, en los cursos de administración se parte de conceptos de desarrollo pre-establecidos en los textos especializados, pero casi nunca en las mismas universidades se hace la pregunta ¿Qué están entendiendo los pobladores de los territorios por el desarrollo?, o mejor aún ¿cómo en su cotidianidad construyen y reconstruyen su ideal de desarrollo?
Volver los ojos a los contextos donde las facultades de administración o negocios desarrollan su accionar; comprometerse en generar acciones que tengan un impacto en las problemáticas que las afectan; mirar que pueden hacer más allá de sus muros, las ubica como facultades socialmente responsables, lo cual se verá reflejado en la misma calidad de sus procesos.
Por: Prof. José María Suárez Campos
ESIC Business & Marketing School
España
Hace ya medio siglo, autores como Octave Gelinier enumeraban, entre los indicadores a tener en cuenta para el diagnóstico de la situación de una empresa y para la evaluación de sus expectativas de futuro, el grado de acuerdo de sus acciones con el interés general de la comunidad en que la empresa desarrolla sus actividades. Tal indicador se situaría a un nivel de algún modo equiparable a otros más clásicos como la rentabilidad, la expansión, la innovación, la competitividad, la gestión eficaz o el adecuado desarrollo de los recursos humanos. Venía a decírsenos, ya por entonces, que, si bien a corto plazo es posible para una empresa el éxito económico o de mercado con independencia de que sus intereses sean concurrentes o dispares con los de la sociedad, ello no resultará fácil a medio o largo plazo. Dicho de otro modo, que el éxito empresarial sostenible va de la mano de los planteamientos éticos.
La idea de la sostenibilidad, es decir, de la vocación y capacidad de duración de la empresa, se vincula en realidad a los objetivos de mejora del valor añadido y de incremento de la capacidad competitiva, porque sólo el cumplimiento de estos objetivos hace posible que la empresa pueda mantenerse. Y, dicho en términos del management actual, la contribución activa y voluntaria –más allá de lo que exige el mero cumplimiento de las normas jurídicamente exigibles- de la empresa a la mejora social, económica y medioambiental de su entorno, se incorpora ahora a la estrategia de la empresa y, desde ella, a las políticas, a la organización y a la gestión práctica. Los principios en que dicha incorporación se verifica son, desde luego, principios éticos, que pueden resumirse en: Responsabilidad social o corporativa de la empresa. Pero estos principios se coordinan con otros de eficacia económica. Como se ha dicho, pasamos así del concepto de filantropía desinteresada al de filantropía corporativa estratégica. Y a una consideración de las empresas –y, en general, de las organizaciones- no sólo como productoras de bienes y servicios, como generadoras de empleo, encauzadoras de ahorro y otros recursos financieros o como espacios para la innovación, sino como verdaderos “agentes de desarrollo social”.
Las Escuelas de negocios, por nuestra parte, tenemos como misión la formación de empresarios, de directivos y de profesionales para la empresa además de, por ejemplo en el caso de ESIC, la extensión en la sociedad de valores éticos y de racionalidad y el avance de la ciencia económico-empresarial. Esta misión requiere, para su cumplimiento, capacitar a nuestros alumnos en conocimientos y en habilidades no sólo aplicables al ámbito de los medios sino –y antes de nada- en el de las finalidades. En definitiva, formar en la idea y en la práctica de la responsabilidad social de las empresas, se orienta a la búsqueda del éxito sostenible de éstas y también de la comunidad y de los propios empresarios, directivos y profesionales.
Consideradas a su vez como organizaciones, también las Escuelas tenemos nuestra Responsabilidad Social Empresarial. Y, conscientes de ello, es habitual la presencia, en nuestros planes y programas de estudios, de materias, reflexiones y metodologías para que nuestros alumnos tomen conciencia de la responsabilidad de las empresas de las que forman o formarán parte. Y, desde luego, de su propia responsabilidad personal que se integra en la responsabilidad social de sus empresas.
